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Temen un Brexit “por accidente”

Desde hace dos meses, los dirigentes de Bruselas tienen la impresión de recomenzar cada día el mismo esfuerzo que creían haber concluido en noviembre, cuando firmaron el acuerdo con Gran Bretaña que fijó las condiciones de salida del Reino Unido de la UE después de 45 años unidos.

“Me parece estar reviviendo un remake de ‘Un día sin fin’”, comentó la alemana Sabine Weyand, adjunta del francés Michel Barnier, jefe del equipo de la Unión Europea (UE) que negoció el acuerdo de Brexit con Gran Bretaña.

Refinada cinéfila, Weyand se refería a la famosa comedia de 1963 que narra la historia de un periodista que revive en forma permanente la misma jornada.

Una vez por día, por lo menos, los parlamentarios, los colaboradores de la primera ministra Theresa May y los diplomáticos británicos vuelven a la carga con nuevas propuestas para reescribir el texto de 585 páginas del acuerdo. Peor aun: a medida que se acerca la fecha fatídica del 29 de marzo, Gran Bretaña intensifica las amenazas de un “no deal”, es decir una salida desordenada sin acuerdo.

El desconcierto llegó a limites alarmantes después de la última reunión del Parlamento británico, en la cual los diputados dieron al gobierno dos instrucciones contradictorias: descartaron la posibilidad de un Brexit sin acuerdo (“no deal”) y, al mismo tiempo, dieron mandato a May para renegociar el reemplazo del backstop (red de seguridad) por “arreglos alternativos” no especificados.

Cuando faltan apenas 56 días para el 29 de marzo, la clase política británica no ha terminado de admitir que el “game is over” (el juego ha terminado).

“Los británicos siguen flotando a un metro por encima de la superficie terrestre”, dijo el otro día, visiblemente malhumorado, el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker.

Aunque no pueden decirlo en voz alta, Juncker, Barnier y el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, están persuadido de que Gran Bretaña actuó con improvisación, amateurismo y frivolidad. A esos errores iniciales se agregan las rivalidades dentro del gabinete, la desautorización del jefe negociador David Davis y los incesantes cambios de posición.

El caso del líder laborista Jeremy Corbyn es más desconcertante. Nadie sabe si está a favor o en contra del Brexit ni qué relación desea en el futuro con Europa.

“Ahora ya no se trata de un Brexit negociado o de un “no deal””, comentó Sabine Weyand. Para esta cinéfila, que odia los filmes de horror, el riesgo que se presenta en el horizonte es mucho más inquietante: un Brexit por accidente.

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