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Talabarteros se sobreponen a la adversidad

Foto: Miriam Martínez

Zulema López / Diario de Querétaro

La falta de promoción y la alta competencia que representan los productos de importación se encuentran entre los factores que más golpean a los talabarteros en San Vicente Ferrer, quienes han optado por diversificar sus productos para mantener un público cautivo.

Atendiendo uno de los primeros locales de la zona se encuentra Carmen, quien explica que todo lo que se ofrece ahí es realizado por el negocio Briones- Camacho, tal y como ocurre desde hace aproximadamente 20 años.

Explica que chamarra, guantes, cinturones y carteras son los productos que ahí se elaboran, tanto en piel como en materiales sintéticos y que el precio se determina con base al modelo.

El domingo es el día en el que particularmente se observan más clientes, quienes acuden para comprarse uno o varios artículos que sean más baratos y de calidad, algunos buscando regalar y otros, tener variedad en su clóset.

Existe otra razón entre quienes acuden a San Vicente, como lo es tener un negocio propio, tal es el caso de Sandra Silva.

Comenta que hace años le tocó trabajar como encuestadora de INEGI y que al término del recorrido, su jefa las invitó a recorrer los negocios de San Vicente para llevarse algún producto.

Recuerda que en ese entonces la sorprendieron los precios, pues había la opción de dos bolsas por 150 pesos, por lo que, desde entonces, regresa por productos que pueda vender en la capital queretana, actividad a la que ahora se dedican varios de sus familiares.

“Se nos ocurrió venir aquí a comprar y empezamos a hacer negocio, vender bolsas y ahora a eso es a lo que se dedica mi familia, empecé yo, luego empezaron mis hermanas”.

Karla, en Junior de Briones, explica que la cantidad de personas que asisten a San Vicente es menor a la de diciembre, toda vez que esa fue la fecha en que la mayoría acudió en busca de algún regalo. La alta afluencia se mantuvo hasta la primera semana del año, por el interés de ofrecer algún presente el Día de Reyes y que dichas multitudes desaparecen por estos días, por lo que también se optó por darles una semana de descanso a quienes fabrican los productos.

Considera que es natural la baja, toda vez que la gente se encuentra muy gastada, pero aún así se continúan las ventas.

Reconoce que hay quienes optan por ofrecer piel sintética como verdadera, pero considera que es mejor perder una venta que un cliente, por lo que se le explica claramente el producto que se le ofrece. En este punto explica que existen productos de curpiel muy bonita, con gran variedad de colores, a 120 pesos, mientras que bolsas de piel se ofrecen a más de 200 o 400 pesos, lo que depende del tamaño y el diseño, mientras que una bolsa grande de flor de piel, con textil artesanal traído de otras partes del país, se ofrece a 850 pesos.

URGEN APOYOS

José Alfredo Martínez Molina, en “Mar&Mol”, urge mayor respaldo de las autoridades, pues estima que la merma e incluso cierre de los negocios existentes es producto de la falta de difusión por parte de los gobiernos estatal y municipal, sumado al desinterés para ayudar a los empresarios locales con créditos blando, la alta oferta de productos de importación, pues estos no deben cubrir el pago de impuestos.

Analizó que las fiestas no provocaron ventas tan buenas como en años anteriores y reiteró que la situación se podría combatir si la Secretaría de Turismo estuviera interesada en difundir los productos que se realizan en la zona.

Argumentó que la baja en las ventas afecta a todos, pues quienes tienen negocios no pueden contratar a más empleados y se ven imposibilitados por subirles los sueldos, por lo que estos optan por migrar.

Estimó que de los 50 talleres que había en el 2001 continúan operando alrededor de 15, mientras que de los existentes, algunos sólo se dedican a las ventas y otros tantos optan por realizar sus maquilas en León, lo que se combatiría, reiteró, si tuvieran oportunidad de acceder a créditos del gobierno.

Apunta que quienes permanecen en el negocio ofrecen artículos de piel legítima, como bolsas de 220, 500 y 600 pesos, pero también tienen curpiel o vil de 150 o 270 pesos, y ofrecen artículos de telas, lonas de impresión digital y rasos.

“Compran los artículos (de piel), una o dos bolsas al año y hay gente que compra cada 2 o 3 meses, y se va por la tendencia de lo que son materiales de temporada (curpiel y vinil)”.

Con 40 años en el negocio, toda la familia de Luis Molina participa en “Ferrer de Piel a Piel”, donde enero sí ha sido un buen mes en comparación con años anteriores.

Analiza que los productos chinos sí afectan las ventas en San Vicente, pero que al ser en 99 por ciento de los casos piel, la gente sigue buscando los artículos. Respecto a los precios, explica que se determinan a partir del costo de producción y mano de obra bolsa, de tal forma que existen bolsas de piel desde 300 hasta 750 pesos, mientras que chamarras hay de mil 100 a mil 600 pesos.

INICIADORES DE UNA TRADICIÓN

Joaquín Cárdenas explica que él inició como empleado en una de las maquilas, pero sus consuegros fueron quienes provocaron que la venta de artículos de piel iniciara en la zona, que era 100 por ciento dedicada a la ganadería y agricultura.

“Me metí a los talleres con los amigos a cortar hilitos, a hacer pegaditas y había, nada más el único taller… es un oficio como ser plomero, como ser soldador”.

Mientras atiende el negocio “Ferrer de piel a piel”, explica que la familia de su nuera, al ver que no había empleo decidieron emigrar a Guadalajara, donde un primo los inició en la profesión. De esos dos hermanos Briones inició una maquila, en la que llegó a haber hasta 100 empleados, por lo que optaron por mover todo a San Vicente, iniciar un local grande que hace unos 60 años empezó a emplear a personas de la localidad.

“Aquí en San Vicente Ferrer no había carreteras, había veredas nada más, no entraban carros, porque no entraban caminos. Era un pueblo agricultor, ganadero y nada más… cuando terminábamos la cosecha del temporal, mucha gente migraba a México a trabajar tres o cuatro meses, en lo que veníamos otra vez a preparar la tierra, unos iban a Guadalajara, donde había más trabajo, porque aquí en Querétaro no había trabajo”.

Rechazó que menos, pues cada vez se abren más locales y “todo el que tiene su local aquí en San Vicente es fabricante de esto, tiene su tallercito, aunque sea pequeño, pero ahí está, y vende lo que él fabrica en su localito… (Tengo un puesto) en Querétaro frente a la fuente de Neptuno… (Los negocios aquí instalados) damos trabajo a muchísima gente… ya cada casa es un taller, si no es de ellos por lo menos lo rentan, pero sí a la persona que fabrica esto”.

Razona que hay quienes incluyen productos chinos entre sus ofertas, pero él jamás lo haría, pues sólo ofrece lo que fabrica y que los negocios deben estar atentos a los que la población solicita, de ahí que además de los productos de piel, ofrece materiales sintéticos, pues la población, a partir de las tendencias, exige una alta gama de colores.

Previo a continuar con sus actividades, explica que el precio del producto es determinado por su calidad, de tal forma que una mariconera sintética cuesta poco más de 100 pesos, mientras que una de piel oscila en 550.

Esa población que aprovecha el domingo para visitar los negocios de San Vicente Ferrer hace que entre los locatarios se mantenga viva la esperanza de continuar una tradición que inició hace décadas, en una zona en la que sólo había trabajo cada que se podía explotar la tierra.

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