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Rusia ve su futuro en el deshielo del Ártico

El
dramático encogimiento de los hielos en el Ártico es una de las demostraciones
más patentes del cambio climático que experimenta el planeta, pero también hace
más asequibles los ingentes recursos naturales de esa región, vista por Rusia
como su gran apuesta geoestratégica.

Y
es que las posesiones árticas de Rusia suman una superficie de 3 millones de
kilómetros cuadrados, el 18% de la totalidad del país, y viven en ellas cerca
de 2.4 millones de rusos, que conforman el 40% de la población total del
Ártico.

Para
el analista militar ruso Pável Felgenlhauer, “el Ártico es el futuro de la Humanidad,
del golfo Pérsico, y posiblemente será el futuro escenario de conflictos
armados por el control de sus riquezas”.

El
presidente de Rusia, Vladímir Putin, no se cansa de repetir que el desarrollo
de la zona ártica es una de las prioridades de la política de Estado del país.

Según
diversos expertos, en el círculo polar ártico se encuentran en torno al 25% de
las reservas mundiales de hidrocarburos, y de ellas el 84 % se encuentra en la
plataforma continental del océano Ártico.

Para
asegurar el acceso y la defensa de esas riquezas, Rusia ha restaurado
infraestructuras militares soviéticas y desplegado una red de bases militares
en su territorio ártico. Precisamente con ese fin el 1 de diciembre de 2014 fue
creado el Mando Estratégico Unificado Flota del Norte, conocido también como
Tropas Árticas.

El
calentamiento global y el adelgazamiento de los hielos árticos ha potenciado el
uso de la llamada Ruta Marítima del Norte, que une China con Europa Occidental
por del océano Ártico.

Con
una potente flota de rompehielos atómicos Rusia planea convertir esta ruta en
una alternativa viable al canal de Suez, mucho más corta y más segura.

En
agosto de 2017, el metanero de la naviera rusa Sovcomflot Christophe de
Margerie, concluyó una travesía entre Noruega y Corea del Sur por la Ruta
Marítima del Norte en 19 días, 30% más rápido de lo que haría por el canal de
Suez.

Si
bien desde un punto de vista económico y de transporte marítimo los cambios en
el Ártico comportan ventajas, para la vida humana el derretimiento del
permafrost -capa de suelo congelado en las regiones polares- es un problema.

“El
cambio climático representa grandes riesgos para Rusia, en particular el
derretimiento del permafrost, que puede llevar la destrucción de
infraestructuras”, dijo climatólogo ruso Oleg Anísimov.

“Debido
al aumento de la temperatura del permafrost en las ciudades árticas rusas se
hunde el suelo, los cimientos de las casas no cumplen sus funciones y estas
sufren daños y lo mismo ocurre con infraestructuras como tuberías, carreteras,
vías férreas, etc”, agregó. Los cálculos muestran que estos procesos
destructivos se van a acelerar.

Según
expertos, añade el climatólogo, para 2050 cerca del 20% de todas las
instalaciones e infraestructuras industriales y el 45% de la vivienda en la
zona de permafrost sufrirían daños, perjuicio valorado en más de 100 mil
millones de dólares.

Además,
el permafrost bajo las aguas del Ártico oculta un tesoro energético único, los
hidratos de metano, cuyo estado sólido es garantizado por la presión y las
bajas temperaturas, pero que el cambio climático podría convertir en un factor
de riesgo para la atmósfera.

Para
el catedrático de Universidad de Tiumén (Siberia) Víctor Guennádinik, los
riesgos ecológicos de la conquista del Ártico son inevitables, pero gracias a
la permanente atención de la opinión pública y los ecólogos “cuesta creer que
(las gasísticas rusas) Gazprom o Novatek puedan incurrir en negligencia
criminal”.

Al
mismo tiempo, los estudios realizados en Rusia muestran que condiciones
climáticas menos severas en el extremo norte del país tendrán un impacto
beneficioso para la salud de sus habitantes, ampliarán las superficies
agrícolas y reducirán la demanda de energía.

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