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Reunión de Andrés Manuel López Obrador con Enrique Peña Nieto

Miguel Reyes Razo

Fue un hombre de talla mediana, vestido en un cómodo traje gris el que entró, ayer a las 12:47, al magnifico salón Tesorería, en una dependencia de Palacio Nacional. Individuo indiferente a la esplendidez del lugar. Ajeno a prisas y reflectores. Reconcentrado, cuidadoso de cada uno de sus pasos. Sabedor de su hechizo. Consciente de que su aire, esa actitud que convulsiona multitudes, estremece ánimos, convoca ansias, despierta poderosas fuerzas. Tan lo sabe el señor Andrés Manuel López Obrador que afirma: “Yo no necesito guardias que me cuiden. A mí me protege el pueblo. Me cuida la gente. Y también ustedes “-les dice a los reporteros. Da tal responsabilidad dotó a los que “cubrieron” su intensa campaña y confianzudos estos, le convocan: “¡Oye, Andrés!” “¡Dime, Andrés!”

Fenomenal espectáculo a su llegada a Palacio Nacional. Lo nunca visto. A los reporteros que aguardaban su llegada a Palacio Nacional, los desbordó, los desplazó, los echó de la valla la imparable oleada de personas -pueblo enfebrecido, gentío hechizado, multitud deslumbrada y decenas de reporteros gráficos- que rodeó, cercó, aisló, detuvo la marcha de su automóvil. Un VW color blanco, con conductor de lujo: pulso firme, paciencia rocosa y pie cauteloso el del chofer del hombre que ganó la elección presidencial el domingo anterior.

“¡Que se baje…Que se baje”-demandaban al hombre que les sonreía detrás del vidrio de su portezuela.

“¡Presidente…Presidente…Presidente!- coreaban los que se arracimaban, se encimaban, se echaban unos sobre otros y borraban horizonte al chofer, exponían vida, miembros, integridad ajena. ¡Nada importaba! ¿”Es un honor…Estar con Obrador”?…

Batallaron los responsables de la seguridad en Palacio Nacional en pulso del general Enrique García Jaramillo. Sus hombres actuaron con discreción y diligencia. A las 10:47 el universitario tabasqueño Andrés Manuel López Obrador entró -con toda seguridad cumplió un sueño- al Patio Central de Palacio Nacional.

Pasó mucho tiempo en diálogo -en compañía del Presidente Enrique Peña Nieto. Casi 2 horas. Tiempo en que se formó un abanico de más de180 grados de operadores de cámaras fotográficas y de video. Medios impresos y de televisión. Infinidad de informadores transmiten con lenguaje descuidado. A como salga.

Llegó entre indiferente y confiado. Sabe lo que suscita. Necesita esa expresión más que familiar, confianzuda. Espera -incita- preguntas obligadas. ¿Qué hará con el Estado Mayor Presidencial? ¿Qué con el avión? ¿Usará el Fondo para la Transición? ¿Cómo fue la charla con el presidente Peña Nieto? ¿Y la Reforma Energética? ¿Y la Educativa? ¿Y qué será del TLC?

El señor Andrés Manuel López Obrador deja que la curiosidad se drene. Pulsa el absceso. Una, dos, tres veces agradece – reconoce- la asepsia política de Enrique Peña Nieto. “No intervino -como otros sí lo hicieron y me victimaron- facciosamente en la elección. Tuvo, tiene un comportamiento elevado. Lo de hoy fue el principio. Tomará forma el trato -cordial y respetuoso – cuando yo ya tenga el rango de Presidente Electo.

“Los Pinos será centro de cultura y arte…No usaré el avión TP 01. Eso está bien decidido. Pronto expertos se reunirán para confeccionar el Presupuesto 2019. Vendrá el Secretario de Estado de Estados Unidos. Soy hombre que cumplo lo que digo. No tengo nada que ocultar. Erradicaré la corrupción. Ganaré menos dinero que el presidente Peña Nieto. Desde septiembre y hasta fines de noviembre recorreré el país. No soy yo. No es tarea de un solo hombre. Sí, el Ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas me afirmó su apoyo. Mi lucha se inspira en Othón Salazar, Demetrio Vallejo, Valentín Campa, Heberto Castillo, la señora Ibarra de Piedra, el Movimiento Estudiantil del 68. No soy ambicioso. No me mueve el ansia de poder. Mañana me reuniré con los empresarios. Soy un hombre de paz”.

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