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“Me apena, me duele la muerte que hallaron militares en Puebla”: EPN

Estremece a jóvenes la arenga del presidente Enrique Peña Nieto: “Vivan intensamente este momento. Contemplen el majestuoso escenario. Aprecien el valor de nuestras Fuerzas Armadas. Entréguense con vigor a su tarea. Hallen al final de cada jornada la satisfacción del deber cumplido. Siéntanse valiosos hijos de México. Que el ejemplo del joven General Ignacio Zaragoza sea su inspiración. Son ustedes vigorosos participantes en la tarea de construir el México que anhelamos”.

5 de Mayo. Efeméride de la Batalla de Puebla. 5 de Mayo de 1862. “Las armas nacionales se han cubierto de Gloria”, sintetizó Ignacio Zaragoza. Ejército de desarrapados, desnutridos y mal pertrechados indígenas mexicanos. “Vencieron -sentenció ayer el presidente de México, Enrique Peña Nieto- y probaron que unidos, los mexicanos somos capaces de superar los desafíos más exigentes. El general Zaragoza y el presidente Benito Juárez probaron al mundo el carácter de los mexicanos.

“Tanto -prosiguió Enrique Peña Nieto- que esta fecha es tenida en distintos países del mundo como la de la Grandeza Mexicana. Naciones en donde se celebra el triunfo del Ejército Mexicano en Puebla.

“Fecha para la celebración de mexicanos que se hallan en otras latitudes. Mexicanos que experimentan orgullo de serlo. Mexicanos -afirmó el presidente Peña Nieto- con quienes este Gobierno está firmemente comprometido en la defensa de sus derechos. En su protección.

5 de Mayo. El presidente de la República, Enrique Peña Nieto, vive el “intenso honor” -así lo califica- de exhortar a jóvenes mexicanos a defender -“hasta con la propia vida”- la integridad de la Bandera Nacional. Día de “Jura de Bandera”. Mil 600 varones y 82 mujeres estremecen la fronda cuando se hacen una voz para exclamar con gran solemnidad:

“¡Sí…! ¡Protesto!

Que el viento -suave, tibio- disipó instantáneamente.

5 de Mayo. Duelo del presidente de los Estados Unidos Mexicanos, Enrique Peña Nieto. “Me apena, me duele la muerte que hallaron militares en Puebla al enfrentar a quienes roban combustible. Saquean a Pemex. Engañan a las personas. Ponen en riesgo a comunidades enteras. Aquí anunció que con las secretarías de la Defensa, de la Marina, de Gobernación y otras más pondremos en marcha estrategias que combatan con eficacia a esos delincuentes. Desde aquí envío mis condolencias a las familias de los militares caídos en el cumplimiento de su deber”.

Ahí estaban -madrugaron- jóvenes dispuestos a cumplir con su Servicio Militar Ya no van “a marchar”. Ya no reciben órdenes de “¡paso redoblado!”. Esa que obliga a aflojar la rodilla izquierda. A prepararla para el “¡paso redoblado!”. Seguido del metrónomo verbal: “Un… Dos… Un… Dos…” Afloraba -antes- el orgullo, el donaire. Cadencia puntual. No perder el paso. Uniforme beige. Cuartelera. Escarapela. Y buenas botas. “De conscripto”, pregonaban los aparadores de San Cosme.

5 de Mayo. Tres días antes el general Ignacio Zaragoza reunió a su Estado Mayor. Sabedor de lo escaso de sus pertrechos arengó: “Combatamos hasta perder la vida. Luchemos hasta el último aliento. Tenemos que detener el avance del Ejército Francés. Quizá fue el más sorprendido por el resultado de la tan desigual batalla. Los mexicanos vencían a uno de los mejores ejércitos del mundo. Tropas invasoras que maniobraban con eficacia. Pelotones disciplinados, bien alimentados, modernamente pertrechados. Por las faldas de los Fuertes de Guadalupe y Loreto huían. Escapaban de la feroz fibra mexicana. Sufrían la derrota.

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