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Maratón fue de campeones

Eduardo Hernández / Diario de Querétaro

El cielo está nublado y unas cuantas chispas humedecen el ambiente, pero con todo y eso las arterias de la ciudad arden impasibles, una mecha se enciende sobre Constituyentes y a toda velocidad se propaga por Zaragoza, Calzada de los Arcos, Tecnológico, se extiende hasta el municipio de Corregidora y en los últimos flamazos se consume por completo justo donde comenzó.

El Querétaro Maratón 2017 reúne a más de 13 mil queretanos con el pretexto de la salud y la recreación para sacarle provecho a estas pintorescas calles en una fiesta acelerada.

“Demuéstrenle que la mujer es potente… Vamos por 42 y nos los comemos, cómo que no… vamos hermosa… ánimo Querétaro… Sí se puede, sí se puede… Vamos campeón… ya hasta me estoy poniendo ronco eh…” los gritos cada vez más gastados de un hombre canoso se quiebran momentáneamente.

Las porras se detienen para contar a los espectadores que lo acompañan como el esfuerzo de los últimos kilómetros es el más grande y doloroso.

“Yo recuerdo cuando lo corrí, los últimos son los peores, quisieras que te cargaran, ya hasta me duelen las rodillas…” el hombre retoma la misión “qué son 42, no son nada… ¡Esto es de campeones!”.

La cara de los maratonistas se desencaja de cansancio, de vez en vez se retuerce con el jalón de algún calambre, pero cuando el aglomerado escucha los gritos de este hombre, al unísono responden “(¿Qué son 42 campeones?) ¡No son nada!”.

Los corredores sonríen y aprietan el paso, al tiempo que alientan a este hombre a seguir animando a pesar de que no deja de resentir las consecuencias en la campanilla.

Sobre Tecnológico una ancianita saca su silla, su mesa y sus dos nietos se sientan a su lado en la banqueta, parece indiferente al río de corredores, pero cuando pasa un hombre en silla de ruedas tan rápido como cualquier otro, la viejecita se emociona y se une a las porras “sí se puede carajo, cómo que no”.

A pesar de que hay paraderos en los que los maratonistas pueden rehidratarse, muchos de los transeúntes compran electrolitos y agua para obsequiar a los participantes.

En la esquina de Tecnológico con Constituyentes un indigente descansa acurrucado con una cobija raída mientras le da unos tragos a un vaso de atole y toma unos bocados de un tamal; seguramente desde que vio la actividad se acomodó para gritar con benevolencia “ánimo mi gente… vamos, dale, ámonos recio, no se dejen, sobres mi hermano, ya te ganaron las muchachas”.

Al final, triunfantes, los primeros de cada categoría se alzan sobre todos para sostener en lo alto los reconocimientos mientras las bocinas retumban con el coro de “We are the champions”; la pasión y la necesidad afloran el sentimiento de solidaridad, aunque en esta ocasión sea sólo para empujar a los participantes a cruzar la meta.

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