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Las Fuerzas Armadas, leales a toda prueba: Enrique Peña Nieto

“… Y es muy justo, muy merecido, muy necesario cuidar la salud de los hombres y mujeres que integran nuestras Fuerzas Armadas. Salud plena de soldados, marineros, aviadores. Salud para sus familias. Prole que es su sostén e impulso. Salud económica. Créditos tan amplios como sea posible. Que crezca su número. Salud intelectual. Becas para que sus descendientes se formen y perfeccionen. Salud. Al protegerla correspondemos a la intensa entrega, al constante sacrificio que las Fuerzas Armadas hacen por todos los mexicanos. Tal es…”

Así decía ayer en un antiguo hospital -recientemente remodelado, modernizado- el presidente de México, Enrique Peña Nieto. Aguantaba un calor de pronóstico. Empero conservaba un magnífico humor. Sentimiento que le permitió devolver con notable agilidad mental la afirmación del gobernador Jaime Heliodoro Rodríguez Calderón, quien sibilinamente lanzó: “…Cada vez que el Presidente viene nos trae cosas buenas”.

Y el Presidente replicó: “Cada vez que vengo me llevo nuevos encargos… Cargo con nuevas tareas. Los mexicanos de Monterrey solicitan, plantean. Y el Gobierno federal debe colaborar; respaldar. Yo procuro…” Llegó aquí para inaugurar el Hospital Militar Regional de Especialidades de Monterrey. Irradiará servicios a estados vecinos. San Luis Potosí. Tamaulipas. Y puntos intermedios. Centro Médico muy bien dotado. Modernamente equipado. Para no tener que viajar ya al distante México. O a Guadalajara. Y conste que San Luis Potosí y la capital de Jalisco cuentan con excelentes hospitales. Y muy bien reputadas escuelas de medicina. En San Luis, su universidad desde los tiempos del rector Leyva. Amigazo de don Carlos Jonguitud. Eficaz catedrático Leyva. Sus muy íntimos le apodaban “Chango” Leyva.

Inevitable recordar al formidable nefrólogo Luis Eugenio Todd. Modernizó esa práctica en esta tierra. Estudioso que alcanzó elevados grados en el extranjero, trabajó duro y tupido por los de Nuevo León.

Por el prójimo. Y lo hizo tan bien que en los críticos días en que Luis Echeverría y don Víctor Bravo Ahúja luchaban por la calidad de la educación en México, los acaudalados -”los conspitadores de Chipinque”, tal los mentó el entonces Presidente de México- se oponían tenazmente.

Luis E. Todd fue -¡dos periodos!- rector de la Universidad. Guió a su equipo de futbol soccer al campeonato. Atrajo atención nacional. Alcanzó la diputación federal. Fue subsecretario de Educación con don Manuel Bartlett Díaz. Aspiró a la gubernatura. No se le hizo. Sócrates Rizzo -amigazo y protegido del doctor Carlos Salinas de Gortari- la ganó… ¡Y la perdió! Y en qué forma. Sócrates Rizzo -cuya madre, doña Jovita- acudió en las dos visitas del papa Juan Pablo II al Puente San Luisito donde en 1979 le construyeron un palio al sucesor de Pedro en la colina Vaticana. Legiones -un hormiguero humano- se arrastraron con su fe por todo el cauce del Río Santa Catarina. Antonio Andrade -reporterazo- y otros más bajo el talento de Manuel Mejido hicieron la gran cobertura de la primera visita de aquel Pontífice Romano a México.

Sí. Sócrates Rizzo. Diputado en la LIII. Como Luis Donaldo Colosio Murrieta. Gobernador que hizo circular la teoría – a su ver muy moderna- de que el Gobierno era una suerte de ventanilla. Algo parecido a un gerente. Que debía atender al solicitante. Vale decir al pueblo. “Eso se practica en Japón. Es una moderna manera de ver el ejercicio gubernamental.

Se precipitó el final de Sócrates Rizzo por su debilidad. En veces era gerente. En otras el solicitante. De todas maneras a sus manos llegaba el dinero . Y en veces -según se dijo- se quedó en su poder.

Rodean al presidente de la República, Enrique Peña Nieto, hombres de bien. De carácter. Templados. El secretario de la Defensa Nacional, general Salvador Cienfuegos Zepeda. Se preocupa por la salud de todos. Hasta de la de algún reportero. Indaga dolencias. Pero exhibe el peso de su presencia cuando exige a un puñado de soldados que saluden con brío, con fuerza, ¡Con ganas! al Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas. Al Presidente de México. Y a sus órdenes mi general: “¡Buenas tardes, señor Presidente!, produjo aquel puñado de soldados con tan sonora voz que estremeció la fronda y golpeó los tímpanos.

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