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Kissinger planea usar a Rusia contra China

Las cancillerías europeas y asiáticas comenzaron a analizar con extrema inquietud un plan estratégico diseñado por Henry Kissinger para empujar a Rusia a desarrollar una política más agresiva a fin de neutralizar la amenaza que representa China para la hegemonía mundial de Estados Unidos.

La idea de “encapsular” a China representa -si se confirma esa idea- una de las iniciativas estratégicas más audaces lanzadas por Washington para limitar el expansionismo político, militar y económico del gobierno de Pekín. El proyecto buscaría incluir a otros países aliados de la región, así como a las potencias influyentes de Asia.

Por esa razón, los responsables diplomáticos de las grandes potencias han prestado particular atención a ese proyecto, que -eventualmente- puede originar un cambio radical en los juegos de alianzas y equilibrios de fuerzas planetarios. Los expertos interpretan ese proyecto como una reedición, en sentido inverso, de la táctica adoptada por Kissinger con el ex presidente Richard Nixon en los años 1970 de establecer relaciones diplomáticas con China para aislar a la Unión Soviética.

Henry Kissinger insinuó esa idea por primera vez durante una serie de reuniones privadas que mantuvo con Trump durante la transición presidencial, entre noviembre de 2016 y enero de 2017.

A los 95 años, convertido en el mayor teórico vivo de la diplomacia de Estados Unidos, Kissinger le sugirió al presidente norteamericano Donald Trump operar sobre el tablero estratégico mundial para que Rusia cumpla en relación a China la misma función que Ucrania desempeña en relación con Rusia: transformarse en una fuente de tensión permanente, riesgos y amenaza potencial, así como en un participante activo de un posible bloqueo económico o logístico.

Con intenciones de lograr su apoyo, el exsecretario de Estado también la expuso al yerno del presidente, Jared Kushner, principal consejero de Trump con enorme influencia en ciertos asuntos de política internacional.

La llamada doctrina Kissinger, revelada recientemente por el sitio informativo The Daily Beast, no fue desmentida hasta ahora por la Casa Blanca ni por la oficina del ex secretario de Estado. Ese silencio “hace que esta información sea aún más creíble”, comentó Iván Danilov, analista de asuntos internacionales del sitio ruso Sputnik.

Cinco fuentes confirmaron en Washington la existencia del diseño estratégico de Kissinger que, al parecer, poco a poco se convirtió en un elemento clave de la política exterior de la Casa Blanca.

La existencia de ese plan explicaría el sentido de las últimas iniciativas de Donald Trump con el Kremlin, incluyendo la cumbre en Helsinki y la insistencia en organizar rápidamente una nueva reunión con el presidente ruso Vladimir Putin.

Si bien los medios rusos revelaron la información, el Kremlin mantuvo un hermético silencio al respecto. Sin referirse específicamente al tema, el periódico Moscow Times se preguntó ayer si Rusia estaba ganando o perdiendo en la forma de abordar sus relaciones con Estados Unidos. El diario sugirió a los norteamericanos y europeos anti-rusos preguntarse “cómo será [el mundo] si China suplanta a Occidente” como potencia hegemónica.

Danilov fue más enfático al analizar las ventajas e inconvenientes que tendría el plan Kissinger para los intereses rusos. “No importa lo dulce que sean las promesas de regalos de ‘amistad’ con Washington, aceptar el plan Kissinger sería un gran error”.

“Un diálogo sustancial en las relaciones ruso-estadounidenses solo puede empezar después de que la Casa Blanca admita que Rusia no es un ‘martillo geopolítico’ para romper la Gran Muralla China”, concluyó.

La idea tampoco seduce demasiado a ciertos actores clave de la política norteamericana. “No veo que Rusia esté actualmente orientada a aceptar un papel” en una estrategia de esa naturaleza, comentó Richard Haass, presidente del Consejo de Relaciones Exteriores, un influyente think tank de Washington.

El proyecto tal vez es prematuro. Pero, Kissinger está acostumbrado a trabajar a largo plazo. Cuando inició su política de acercamiento a Pekín en 1971, citó a Confucio para desalentar expectativas inmediatas: “Un largo camino -recordó- comienza por un primer paso”.

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