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Ganadería industrial: ¿alimentar o contaminar?

Por Carlos Lara / El Sol de México

La ganadería industrial tiene un impacto catastrófico en el planeta, en la salud de los humanos y en la vida de los animales, por lo que es considerada como la mayor amenaza que enfrenta la humanidad en materia de cambio climático, debido a la masificación de la crianza de animales de engorda.

En el mundo hay alrededor de siete mil millones de personas y alimentarlos a todos requiere de la industrialización de los alimentos, a través de la crianza intensiva de animales. Sin embargo, el sector agrícola, que es la base de la alimentación del ganado, representa 24 por ciento de las emisiones de dióxido de carbono en el orbe, de las cuales más de la mitad (15 por ciento) corresponde a la producción de alimentos para la ganadería, un porcentaje superior al de todo el sistema de transporte, de acuerdo con cifras presentadas por la ONG Greenpeace.

Otro problema que genera la ganadería industrial es la deforestación, pues la misma organización acusa que esta actividad es responsable de 80 por ciento de la pérdida de los bosques en el mundo.

“El sistema alimentario actual es insostenible. El impacto medioambiental que tiene una dieta cárnica y derivados de origen animal es altísimo y deja estragos y graves consecuencias a nuestra salud”, explicó Dulce Ramírez, directora ejecutiva de Igualdad Animal México, en entrevista con El Sol de México.

La experta detalló que la oganización que representa realizó el estudio El Enemigo del Planeta, una investigación realizada con drones que sobrevolaron dos granjas industriales de cerdos en Jalisco, que albergan a más de 89 mil cerdos.

“Gracias a los reportes obtenidos durante el estudio, pudimos darnos cuenta de la magnitud de los terribles riesgos y daños ambientales que ocasiona la ganadería industrial, que no reportan la cantidad de olores, gases, partículas sólidas y líquidas que emiten a la atmósfera y además existen discrepancias en las declaraciones de su consumo de agua y manejo de residuos”.

La especialista aseguró que el estudio arrojó que la granja carece de regulaciones, pues se desconocen las fuentes de sus recursos, con qué permisos cuentan y quién está verificando su manejo.

“El agua es un recurso natural indispensable para la vida humana, para producir un kilo de carne de cerdo, se necesitan 12 mil litros de agua potable. En cifras nacionales, la crianza de cerdos para consumo humano, representa la utilización de cuatro por ciento de toda el agua potable renovable de nuestro país”.

Dulce Ramírez enfatizó que, a raíz del estudio, se descubrió que hay un severo impacto de gases de efecto invernadero, además de generación de partículas suspendidas en el aire, contaminación del suelo y de la calidad del del agua.

“Lo más alarmante para nosotros es que la huella hídrica anual es de 47 millones de metros cúbicos, cuando algunas empresas no tienen permiso o concesión para el uso de este recurso”. Este monto equivale a llenar 47 veces el Estadio Azteca con el líquido.

La investigadora de Igualdad Animal subrayó que en el trabajo realizado también se reveló que el excremento de los cerdos, en un año, supera las 57 mil toneladas, pero lo que “más impactó fue que más de un millón 300 kilos de metano al año se generan, por esa razón es que la campaña El Enemigo del Planeta contribuye para que las personas se informen sobre el impacto que tiene el sistema alimentario y cómo podemos actuar para mitigarlo lo más posible”.

El documento también da cuenta de que los estanques aledaños a las naves porcícolas son un caldo de cultivo perfecto de enfermedades, pues se pueden encontrar más de 100 patógenos diferentes causantes de padecimientos en los humanos; tan sólo en un gramo de excremento porcino pueden concentrarse hasta 100 millones de bacterias.

Esto se debe a que los tanques están llenos de heces y orina de los cerdos, elementos que además producen gases de efecto invernadero.

Dulce Ramírez remarcó que, además de gastar millones de litros de agua potable, esta industria la contamina, ya que el mal manejo y la falta de tratamiento de las heces y orina de los animales es un importante factor de contaminación del suelo y del agua, y una fuente de enfermedades infecciosas para los humanos.

Greenpeace añade que los nitratos, un químico de uso masivo de fertilizantes sintéticos y de la ingente cantidad de excrementos generados por la ganadería industrial se filtran en el terreno envenenando la tierra y sus acuíferos. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el mundo ya entró a una “crisis global de la calidad del agua”.

El mismo organismo prevé que la demanda mundial por la carne crecerá 70 por ciento en los próximos 30 años, lo que elevaría de 56 mil millones de animales a 95 mil 200 millones de animales sacrificados para alimentar a la humanidad.

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