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Erdogan propone guerra santa contra el dólar

En una nueva escalada de su desafío a Estados Unidos, el presidente turco Recep Tayyip Erdogan apeló ayer a iniciar una guerra santa contra el predominio del dólar en el comercio internacional. “Hay que utilizar las monedas nacionales en los pagos para poner fin al dominio del dólar en el comercio internacional”, destacó el líder turco durante un discurso que pronunció en Biskek, capital de Kirguistán, ante empresarios de los dos países.

Su llamamiento coincidió con una serie de decisiones similares adoptadas por Irán, Irak, Rusia y China, que proclamaron su intención de excluir la divisa norteamericana en todas sus transacciones bilaterales y reemplazarla por las monedas nacionales.

Erdogan, enfrentado con Donald Trump en una áspera guerra comercial y política, aseguró que la divisa norteamericana representa actualmente el principal problema para los países emergentes. El proteccionismo y las guerras comerciales promovidas por Estados Unidos, sentenció, imponen el uso de nuevas estrategias en muchos ámbitos.

No es la primera vez que, al enunciar su intención de abandonar el dólar, Erdogan lanza una estocada directa al corazón de la potencia imperial de Estados Unidos. A mediados de agosto había anunciado que, a partir de ese momento, todo el comercio internacional de Turquía se realizaría en las monedas de sus clientes. Irán, China y Rusia fueron los primeros países en aceptar esa propuesta.

En su discurso de ayer desde Biskek, Erdogan confirmó que su gobierno estaba en negociaciones con Rusia para que reemplacen el dólar por sus respectivas monedas nacionales en reacción a las sanciones económicas aplicadas por Washington a ambos países.
“Utilizar el dólar nos causa graves perjuicios. No cejaremos en nuestra lucha y saldremos victoriosos”, aseguró.

Las relaciones entre Estados Unidos y Turquía entraron en una profunda crisis después que Erdogan se negó a liberar al religioso estadounidense Andrew Brunson, detenido hace dos años acusado de “terrorismo” y “espionaje”. Para responder a la demanda de liberación inmediata exigida por Washington, Turquía aspira a obtener –a cambio– la extradición de Fethullah Gülen, predicador musulmán de nacionalidad turca que reside desde hace 20 años en Estados Unidos y está acusado por Ankara de haber inspirado el fracasado putsch de julio de 2016.

En una escalada sin precedentes, los dos países se aplicaron en forma recíproca fuertes aumentos de sus aranceles aduaneros. Ese duelo, que provocó enorme inquietud en los mercados, aceleró el derrumbe de la lira turca, que desde comienzos de año perdió 40% de su valor frente al dólar.

La propuesta de Erdogan de reemplazar el dólar por las monedas nacionales sobreviene en momentos en que Turquía se apresta a comprar el sistema ruso de defensa anti-aérea S400. Sería la primera vez que un país miembro de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) le adquiere a Moscú un sistema estratégico de armas. En represalia por esa medida sin precedentes, Washington amenazó con bloquear la entrega de los 100 aviones de combate furtivos F-35 vendidos a Turquía.

El primer aparato fue entregado por el constructor Lockheed Martin en junio. Pero el resto de la operación está congelada. “Una decisión sobre los S-400 cambiará las relaciones entre Estados Unidos y Turquía de manera difícilmente remediable”, amenazó Wess Mitchell, responsable del Departamento de Estado para las relaciones con Europa y la OTAN.

La ofensiva de Erdogan contra el dólar encontró un eco favorable en otros países. Irán e Irak decidieron el sábado pasado reemplazar la divisa norteamericana por “el rial iraní, el dinar iraquí y el euro en las transacciones financieras y el comercio bilateral”, que asciende a 13.000 millones de dólares por año, según declaró Yahya Ale-Eshagh, presidente de la Cámara de Comercio Irán-Irak, citado por la agencia Mehr News.

En el caso de esos países se trata de una reacción a la decisión de Estados Unidos de retirarse del acuerdo nuclear con Irán y la aplicación de sanciones a quienes negocien con ese país.

China y Rusia —que fueron los primeros países en aceptar las propuestas de Erdogan y de Irán e Irak— también comenzaron a preparar su artillería financiera para abordar esa nueva fase de la batalla comercial que, poco a poco, se está transformando en una guerra económica mundial.

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