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Entrevista: Joaquín Lozano, director para América latina del ONU-FIDA

No obstante los considerables progresos en el combate a la pobreza, el principal reto en el ámbito rural en México, así como en toda Latinoamérica y el Caribe, es la desigualdad entre una industria pujante y un campo rezagado. Un amplio análisis sobre esta situación fue ilustrado por el director de la División de América Latina y el Caribe del Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA), agencia de las Naciones Unidas con sede en Roma, el mexicano Joaquín Lozano.

En entrevista a El Sol de México, el funcionario examinó el presente y las perspectivas de este importante sector económico y social en América Latina.
n -¿Cuál es el panorama actual de la situación rural en esta área?

“Hay una industria pujante, grande exportadora, que produce 60-70% de los productos, pero por el otro lado tenemos un número elevado de pequeños productores que viven de su agricultura, sin acceso a la tecnología moderna. Es decir, tenemos un campo dual y el de los pequeños productores se encuentra rezagado, lo que acentúa la pobreza rural”.

“En Latinoamérica –precisó Joaquín Lozano- la pobreza rural representa un serio problema, no en uno o más países, sino en toda la región. En la última década, en América Latina se ha registrado un importante avance en el combate contra la pobreza, pero sobre todo en el ámbito urbano y no rural, donde el nivel es bajo, casi a la par de África”.

“Un ejemplo –puntualizó- es Brasil, un país de ingreso medio alto, pero con zonas, como el noroeste donde tenemos índices semejantes a los de África y Bangladesh. Este es un ejemplo claro de desigualdad”.
n ¿Cuál es la situación en general México y en especial de la mujer rural?

“Los patrones regionales se reflejan también en México, donde hay estas dos realidades: por un lado una industria exportadora, con grandes productores bien articulados y tecnificados con acceso a los mercados y con poder de negociación y de compra. Por el otro lado, asistimos al rezago en el campo del pequeño productor, en particular en el sur de México y en las poblaciones indígenas, y dentro de ahí están las mujeres. Creo que el reto es que la industria pujante tome en cuenta esta otra realidad. Respecto a las mujeres, deben estar asociadas en cooperativas por ejemplo, con participación y derecho de voto, en caso contrario será muy difícil salir adelante”.
n ¿Cuáles son los proyectos que actualmente el FIDA tiene en México?

“Desde 1980 tenemos proyectos interesantes en México. El FIDA solo trabaja con entidades públicas federales, como Sagarpa y recientemente también con Prospera en el caso mexicano. Ahora estamos elaborando proyectos precisamente para que los pequeños productores sean más competitivos y productivos.

“Los programas del FIDA están enfocados en particular a incrementar la productividad del pequeño campesino, con atención especial a los pueblos indígenas. De la formación de capacidades, de una educación mínima, de la asistencia técnica de los jóvenes y de la inclusión de la mujer, se debe pasar a un plan productivo, de pequeños negocios, siempre a nivel asociativo”.
n Este proceso, ¿a qué nivel esta en México?

“En el campo el nivel es bajo. En cuanto a programas de protección social se ha invertido mucho, en educación, salud, viviendas básicas a las poblaciones tanto urbanas como rurales. Sin embargo, el siguiente paso es la capacitación técnica y productiva y ahí es donde hay carencia… Si no se invierte en esto, será muy difícil que se pueda ser competitivo”.
n Según su punto de vista ¿a qué punto está la campaña contra la pobreza lanzada por el gobierno mexicano al inicio de su mandato?

“Como dije antes, ha habido avances muy importantes en el combate a la pobreza, pero a través de programas de pobreza, de protección social, para dar un mínimo de bienestar, aunque el problema es hacer que esto sea sostenible, pasar al siguiente paso, a la inversión en programas productivos. Los proyectos que estamos financiando en México son precisamente para dar ese paso, para que los beneficiarios, por ejemplo de Prospera, que ya tienen una calidad de vida básica, que los hijos ya son vacunados, que van a la escuela, o sea que ya están en otro nivel, pasen al siguiente paso, a la etapa productiva: asociarse para comprar, no necesariamente en el ámbito agrícola; por ejemplo trabajar en artesanías, textiles, transformación, empaquetado, siempre en el ámbito rural, pero no estrictamente agrícola.

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