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Embalsamadores, los ilusionistas de los sueños

Foto: Yolanda Longino

Eduardo Hernández / Diario de Querétaro

Cuando la muerte llega, tres de cada 10 familias se resisten al embalsamado de sus seres queridos porque tienen el temor de que los embalsamadores extraigan todos los órganos del cadáver y que incluso se queden con alguno de ellos.

Esa es la cifra a la que se enfrentan Genaro Baena, técnico embalsamador y su esposa Dulce María Vargas, tanatropactora, quienes atienden “Funerales y Velatorios Santa Rosa”, una empresa con 38 años de antigüedad en la cabecera de esta delegación.

“Por norma de salubridad es necesario embalsamar casi todos los cuerpos, pero hay familiares que no lo quieren; cuando falleces de gripa o tuberculosis, has estado en tratamiento y el antibiótico no pudo hacer nada, esa bacteria o ese virus está potencializado, por ello hay que embalsamar”.

El artículo 348 de la Ley General de Salud establece que los cadáveres deberán inhumarse, incinerarse o embalsamarse dentro de las 48 horas siguientes a la muerte.

De cada 10 familias que requieren los servicios de esta empresa, tres se resisten al embalsamado y muchos no se logran por más que se insista, refiere Genaro, “tenemos la costumbre de despedirnos de un beso de un familiar, al no desinfectarlo, el virus sigue latente, y aún embalsamado existe riesgo”.

“Hemos perdido amistades porque no comprenden que no tenemos una vida muy normal”, refirió Genaro.

EL PRECIO DE LA MUERTE

Los profesionales en servicios funerarios refirieron que los paquetes que ofrecen van desde los 12 mil pesos hasta más de los 30 mil, lo que representa un golpe para el bolsillo de las personas que no esperaban la muerte, sobre todo aquellas de bajos recursos.

Eso los llevó a crear la modalidad de los servicios funerarios planeados, que incluyen el rescate del cuerpo en un hospital, sanatorio o su domicilio, el bloqueo de líquidos, el embalsamado, el arreglo estético, el ataúd, la velación en una capilla y el traslado a donde será la inhumación, todo ello se paga diferido mientras el titular está vivo y se puede transferir a quien éste desee.

Por ahora Genaro y Dulce tienen alrededor de siete servicios planeados, el más antiguo tiene 20 años liquidado y sigue vigente por el mismo precio que la dueña pactó desde su primer pago.

Parece también una costumbre, para aquellos que lo pueden costear, comprar ataúdes de lujo que superan los 30 mil pesos, con acabados perfectos, madera de la mejor calidad e incluso con detalles luminosos, no hay que escatimar cuando del último regalo se trata, refieren.

UN ADIÓS CON DIGNIDAD

Dulce María Vargas, quien se encarga hacer el arreglo estético y reconstrucciones faciales, comparte que se involucró desde los 13 años en el negocio, es la única de los cinco hermanos que se levantaba en las madrugadas a ayudarle a su papá, quien fundó la empresa.

“De profesión soy contadora y como oficio soy tanatopractora, me gusta mucho porque veo cómo llegan al laboratorio y cómo se van, mi paga es que me digan, ‘se quedó como si estuviera dormido’. Los ancianos ya no tienen labios ni ojos, se les sumen con la edad y yo me encargo de darles figura a su rostro, una expresión de tranquilidad y una despedida con dignidad”.

“LOS ILUSIONISTAS DE LOS SUEÑOS”
“A los embalsamadores se nos dice que somos los ilusionistas de los sueños, porque lo que nos gusta es amenizar las penas cuando se va un ser querido; la agonía con la que se van queda plasmada en el cuerpo, nosotros amenizamos eso, hacemos parecer que están durmiendo, disminuimos el dolor de los familiares y es lo que nos llena”.

Así se refiere Genaro Baena a su trabajo, tiene alrededor de cinco años ejerciendo, pero se involucró hace 13 años gracias a su esposa, pues antes se trabajó en el municipio de Querétaro y estudió Contaduría.

El embalsamado implica la desinfección del cuerpo, inyección de químicos y absorción de líquidos en la cavidad torácica, abdominal y pélvica.

La pareja ha recibido capacitación en el estado de Michoacán y Morelos, se les ha hecho regulación sanitaria por parte de la Secretaría de Salud, están avalados por la Comisión Federal para la Protección Contra Riesgos Sanitarios (COFEPRIS).

“No sabemos cómo va a estar nuestro día, no sabemos quién va a ir por nuestros hijos, si voy a poder hacer de comer, si veré a mis hijos, a veces se juntan hasta tres cadáveres y me debo quedar hasta nueve horas en el cuarto de trabajo”, comentó Dulce.

EL PRINCIPIO

“Mi papá (Don Jonás) inició con una mueblería, un proveedor le trajo dos ataúdes en una ocasión y él los aceptó a pesar de que pensaba que no se los iban a llevar, pero sí se vendieron, luego fue vaciando la mueblería y llenándola de ataúdes, hace 38 años de eso”, recuerda Dulce.

Ella quería estudiar criminología, pero en Querétaro no se ofertaba esa carrera, por lo que se decantó por la Contaduría y así fue como conoció a su esposo, que también es contador de profesión.

“Cuando fui por primera vez a ver una necropsia, tenía como 12 años, mi papá me llevó a almorzar menudo y me dijo, es tu prueba, si no te lo comes no sirves para esto, yo dije, tengo que demostrarle que sirvo para esto y para más”.

Dulce y Genaro recomendaron a los lectores de DIARIO DE QUERÉTARO “Que no tengan miedo a la muerte y busquen quién puede ayudarles a pasar los momentos difíciles cuando pierden a alguien, que busquen a un profesional para disminuir el dolor”.

EL CASO MÁS DIFÍCIL

El caso más difícil que les ha tocado atender a Dulce y Genaro fue una anciana muy querida por su familia, expresaron, “falleció en su domicilio, teniendo tantos hijos nadie se dio cuenta, sufrió un asalto y la mataron, tenía seis días de eso, sus familiares nos dijeron que la querían ver, a pesar de que tenía muchos días de descomposición.

Era un olor insoportable, había mucha larva, tocabas la carne y se te venía entre las manos, pero después de muchas horas de trabajo lo logramos, aunque al final sus familiares nos dijeron que ya no la querían ver”.

SIGNIFICADO Y CONFRONTACIÓN CON LA MUERTE

Desde la perspectiva de Dulce, la muerte es un paso a otra vida que duele porque conlleva una despedida, pero después de todo “alguien tiene que hacer este trabajo” y lo difícil es cuando se trata de un familiar, considera.

“Acaba de fallecer el cuñado de mi esposo y hubo quien hiciera ese trabajo, pero le he dicho a mi esposo, qué va a pasar el día en que se trate de un integrante de la familia, sería muy doloroso. Por eso todo hay que hacerlo en vida, hay que regalar las flores en vida”.

Genaro piensa que hay que demostrar respeto a la muerte y dejar de sentir miedo, pues “es lo único seguro que tenemos todos”.

“Hace un año pasamos por lo mismo, un hermano se accidentó rumbo a San José Iturbide y perdió la vida, hasta ese momento entendí el dolor del ser humano cuando te desprendes de alguien, todavía no lo supero”, culmina.

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