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El corazón del terrorismo yihadista late en Marruecos, dicen los expertos

La participación de varios marroquíes en los ataques de Barcelona, Finlandia y otros recientes atentados en Europa indujeron a los servicios secretos franceses, españoles y británicos a investigar sobre la alta proporción de terroristas procedentes de ese país.

Los 12 miembros de la célula que operaba en Cataluña, con epicentro en Ripoll, eran todos de origen marroquí, incluyendo los dos personajes centrales de la trama: el conductor del vehículo que provocó la matanza en las Ramblas, Younes Abouyaaqoub, y el imán Aldelkabi Es Satty. De la misma nacionalidad era Yossef Hammouche, de 18 años, que el viernes pasado acuchilló a cuatro personas en Turku (Finlandia).

Ese fenómeno no es nuevo. La mayoría de los terroristas que participaron en el múltiple ataque del 11 de marzo de 2004 en Madrid, que provocó 191 muertos y 1.858 heridos, eran igualmente originarios de Marruecos.

“El corazón del terrorismo en Europa late en Marruecos”, escribió hace algunos años el periodista Andrea Elliot en una investigación publicada por el New York Times Magazine.

Los focos insurreccionales más importantes se encuentran en el Rif, una región montañosa del norte del país que se extiende desde Tánger y Tetuán en el oeste hasta la frontera argelina en el este. Desde hace años, esa zona extremadamente pobre escapa por completo al control de las autoridades.

De allí salieron algunos de los terroristas que participaron en los ataques de París y Bruselas, y muchos de los combatientes más decididos que nutrieron las filas de los grupos yihadistas en Siria e Irak.

En un informe que publicó a principios de año, el think tank holandés Centro Internacional de Lucha contra el Terrorismo (ICCT) examinó 923 ataques suicidas cometidos en todo el mundo —incluyendo las regiones en guerra de Oriente Medio— entre el 1° de diciembre de 2015 y el 30 de noviembre de 2016.

Ese estudio demostró que entre los kamikazes de origen extranjero, los autores de la mayor cantidad de atentados suicidas eran tayicos (27), seguidos por los marroquíes y sauditas con 17 cada uno, tunecinos (14), rusos (13), egipcios (11), palestinos (9) e iraníes (7).

Los expertos calculan que, desde el comienzo del conflicto, al menos 2.000 marroquíes viajaron a las zonas del yihad (guerra santa) para enrolarse en las filas del EI o de otras organizaciones islamistas.

Sobre ese total, unos 870 yihadistas marroquíes están aún presentes en Siria e Irak en las filas del Estado Islámico (EI), según estimaciones del coronel Hassan Saoudi, especialista en cuestiones de seguridad. Esa cifra representa la mitad de los que había en 2012. Esa disminución se explica en parte por la muerte de unos 500 combatientes en los campos de batalla y el regreso de otros 500.

Aproximadamente la mitad de ellos están en la cárcel. Los terroristas son condenados en general a penas de 5 a 15 años de prisión.

Europa —y en particular España— es particularmente vulnerable por su proximidad geográfica con Marruecos y por la fuerte corriente migratoria procedente de ese país, que se aceleró en los últimos años. Actualmente, unos 700.000 marroquíes viven en España separados de su país de origen por apenas los 14,4 km que mide el estrecho de Gibraltar en su parte más angosta. Otros 1,5 millones residen en Francia, 530.000 en Bélgica y 450.000 en Italia.

Varios marroquíes están presentes al parecer en la lista difundida por Interpol el 27 de mayo con 173 nombres yihadistas dispuestos a cometer atentados suicidas en Europa.

Por el momento, Interpol se rehusó a informar si esa lista contenía las identidades de los terroristas que pasaron a la acción en Barcelona, Cambrils y Finlandia. En cualquier caso, los expertos coinciden en estimar que la amenaza está lejos de haber desaparecido.

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