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Clima provoca más desplazados en México que el narcotráfico

Por Saúl Hernández / El Sol de México

En 2013, Manuel arrasó con la costa occidental mexicana. Era la víspera de las fiestas patrias, un domingo 15 de septiembre, cuando el huracán impactó el estado de Guerrero y los turistas y pobladores de Acapulco sintieron en carne propia la fuerza descomunal de la naturaleza.

Vientos de 120 kilómetros por hora y lluvias torrenciales inundaron el aeropuerto internacional, los deslaves bloquearon la Autopista del Sol (principal vía de comunicación terrestre del puerto) y los servicios de internet y telefonía colapsaron. La furia de Manuel luego se internó en el estado de Guerrero y avanzó hacia Michoacán, Colima y Sinaloa.

Ese año la tragedia para México fue doble. Manuel convergió con el huracán Ingrid que simultáneamente se formaba frente a las costas de Veracruz. Había ocurrido lo inimaginable: dos ciclones atacaban por distintos frentes al país dejando a su paso una estela de 157 muertos, 35 mil viviendas dañadas y más de 200 mil damnificados a lo largo de 22 estados.

En esta estadística de destrucción y muerte hay, sin embargo, una cifra de la que casi nadie habla: ambos huracanes orillaron a 118 mil personas a abandonar definitivamente sus hogares en busca de un nuevo sitio para vivir.

Ellos forman parte de un universo de 2.3 millones de ciudadanos mexicanos que en los últimos doce años han sido desplazados dentro de su país por los efectos del cambio climático y los desastres naturales. Se han convertido así en refugiados climáticos o “climigrantes”.

Ni siquiera el terror del crimen organizado ha expulsado a la fuerza a tantos mexicanos. Datos del Observatorio de Desplazamiento Interno (IDMC), la fuente autorizada mundial de datos y análisis sobre el fenómeno, revelan que en México son diez veces más las personas que tienen que huir de sus hogares por la furia de la naturaleza que por la furia del hombre.

Mientras que la violencia ha sido la causa del desplazamiento forzado para 238 mil mexicanos entre 2008 y 2019 (casi todo lo que lleva la guerra contra el narcotráfico), el clima ha expulsado de sus hogares a 2.3 millones.

Inundaciones, huracanes, ciclones, tormentas, sequías, incendios, temperaturas extremas y terremotos son causa de que millones de personas dejen atrás su patrimonio y sus recuerdos en busca de una nueva vida en otra parte de México.

Las inundaciones y los huracanes —Ida (2009), Jimena (2009), Arlene (2011), Ingrid (2013), Manuel (2013), Patricia (2015)— son los fenómenos meteorológicos que más han contribuido a las migraciones internas. Los terremotos del 7 y el 19 de septiembre de 2017 también afectaron a casi 200 mil personas que tuvieron que emigrar a otras partes del país, indican los datos proporcionados por el IDMC.

FUTURO INCIERTO

Para el Banco Mundial no queda duda: a menos que se adopten medidas concretas para hacerle frente, de aquí a 2050 el cambio climático podría obligar a más de 143 millones de personas a desplazarse dentro de sus propios países. Esto solo en tres regiones del planeta: 86 millones al sur del desierto del Sahara (África), 40 millones en el Asia meridional y 17 millones en toda América Latina.

“Estas personas migrarán desde áreas menos viables con escasa disponibilidad de agua y productividad de cultivos, y de zonas afectadas por el aumento del nivel del mar y las marejadas. Las zonas más pobres y vulnerables al cambio climático serán las más perjudicadas”, señala el informe del organismo internacional.

En el caso específico de México y Centroamérica, el estudio indica que el número de “climigrantes” podría aumentar entre 1.4 y 2.1 millones para mitad de siglo, dependiendo el escenario.

En la proyección más pesimista, la región alcanzaría los cuatro millones de migrantes climáticos para 2050. La meseta central de México y las tierras altas de Guatemala se convertirían en los puntos críticos de migración climática debido a la poca disponibilidad de agua y la baja productividad de los cultivos.

“La gente abandonará las zonas más cálidas y bajas de estos dos países y se dirigirá hacia zonas montañosas, climáticamente más favorables. Los focos de emigración climática incluyen las áreas costeras bajas del Golfo de México y la costa del Pacífico de Guatemala. Algunas ciudades, como Monterrey y Guadalajara en México, verán emigración climática”, advierte el Banco Mundial.

MÉXICO VULNERABLE

México es un país sensible ante la fuerza de la naturaleza: 480 de sus dos mil 474 municipios son altamente vulnerables y 888 medianamente vulnerables al calentamiento global, al cambio climático y a eventos climatológicos como sequías, inundaciones y huracanes, revela una investigación conjunta de la Comisión Mexicana de Defensa y Promoción de los Derechos Humanos (CMDPDH) y la fundación alemana Heinrich Böll.

La mayoría de los municipios en riesgo se encuentran en los estados más pobres del país: Chiapas, Oaxaca, Guerrero, Puebla y Veracruz. Estas entidades se han convertido en expulsores de “climigrantes” que tienden a refugiarse en las grandes ciudades de México.

Cada región del país está expuesta a riesgos diferentes. Mientras que las costas son vulnerables a tormentas y huracanes, el norte está expuesto a sequías severas.

Además, agrega el estudio, el número de personas vulnerables a desastres es mayor considerando que México está situado en el Cinturón Circumpacífico, una de las regiones sísmicas más activas del mundo, y que hay un cinturón volcánico que se extiende desde Guanajuato hasta Michoacán, poniendo a otras cinco millones de personas en riesgo.

480 municipios de la República mexicana son altamente vulnerables al cambio climático

Para la investigadora Armelle Gouritin, hay tres grandes factores de desplazamiento climático en México. El primero tiene que ver con la degradación medioambiental, es decir, con procesos lentos de escasez de agua, desertificación, deforestación y el deterioro de los suelos.

En segundo lugar están los fenómenos hidrometeorológicos, que corresponden a inundaciones, huracanes y tormentas tropicales. Finalmente está el hundimiento de las islas y costas, donde habitan más de 24 millones de personas.

Las mujeres, los pueblos indígenas y las personas con escasos recursos económicos se convierten en la población más vulnerable de estos fenómenos naturales.

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