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La deuda histórica del 12 de octubre

Foto: Yolanda Longino

Por David Álvarez

No se han borrado las huellas del colonialismo en México ni en América Latina, pues las poblaciones afrodescendientes e indígenas padecen de discriminación y son de los sectores más vulnerables en el país, donde apenas se respetan sus derechos humanos, sentenció Laura Santos, abogada afrodescendiente e integrante de Litigio Estratégico e Investigación en Derechos Humanos.

A más de 5 siglos del descubrimiento de América, el 12 de octubre se conmemora como el Día de la Raza en memoria del encuentro de dos mundos en 1492 entre los indígenas y los colonizadores de España.

Esta fecha no solo se conmemora en México, sino en la mayor parte de los países americanos y España, aunque con diferentes nombres, pero todos ellos evocan el momento histórico de la Conquista.

Son muchas las deudas sociales sobre este hecho histórico, principalmente con las comunidades indígenas y afrodescendientes a nivel continental, situación que en México, uno de los países con mayor diversidad cultural, no se ha hecho efectivo, aunque se considere un estado pluricultural desde 1992.

“Han pasado 529 años de la llegada de Colón a América, ¿cómo ha sido relatada esta historia y cómo se ha transmitido a través del tiempo?”, se cuestiona Laura Santos.

“Jamás se nos habla del inicio del periodo de la colonización, al menos no dentro de la historia que nos forma y que, por tanto, en los sistemas educativos, al tener los términos cambiados diciéndole que es un descubrimiento y no un proceso de exterminio, nos condicionan la forma en que vemos al pasado y que repercute en el presente”, reflexionó.

Para la especialista en derechos humanos y en temas vinculados al racismo, la importancia de abordar la historia de manera clara permitirá comprender con mayor profundidad las situaciones actuales de la población indígena y afrodescendiente, quienes -asegura- siguen relegados de lo que se ha constituido como Estado-nación.

“México es un estado pluricultural y, no obstante, según la Encuesta Nacional sobre Discriminación (ENADIS), el 85% de la población indígena se sigue sintiendo discriminada, infravalorada y estos son términos específicos que hablan sobre el menosprecios social”, refirió.

Añadió que esta percepción no es solo una sensación individual o una situación de autoestima, sino que traspasa muchos sectores e instituciones que hacen que eso siga siendo palpable en la sociedad, principalmente en el tema de derechos humanos.

“El racismo es real y el factor raza sigue presente en un país como México, pues condiciona la atención médica, los servicios burocráticos, el nivel de estudios, la posibilidad de tener empleo, un negocio propio, el ascenso laboral. Todo esto está fundamentado en los prejuicios raciales que se instauran en la forma en que fuimos educados, por eso hablo de cómo se nos ha contado la historia”, detalló.

“El racismo es el odio, rechazo o exclusión de una persona por su raza, color de piel, origen étnico o su lengua, que le impide el goce de sus derechos humanos. Es originado por un sentimiento irracional de superioridad de una persona sobre otra”, de acuerdo con el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred).

En ese sentido, Laura Santos añade que en el país hay muchos retos y deudas para con las personas indígenas y afrodescendientes, situación vinculada a la falta de atención con estos sectores, al ignorarlos dentro de los planteamientos institucionales.

“Se siguen ignorando sus necesidades. Hablamos del tema de la propiedad comunal, la consulta previa, la participación política, el desplazamiento forzado, por mencionar algunos casos, que siguen siendo en la realidad condiciones que les vulneran sus derechos humanos y del que no parece haber interés”, dijo.

Sostuvo que no hay planteamientos serios sobre lo que estas comunidades desean para sí, pues no existen las condiciones económicas ni institucionales que les permita garantizar su participación en las decisiones públicas para su atención.

“No hay una participación efectiva y el estado no solo tiene la obligación de consultar a los pueblos indígenas, sino que esa base sea informada según las costumbres de ese pueblo, como lo ha establecido la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Hay una deuda en cuanto a su participación, que implica la determinación del pueblo en su propio destino”, mencionó.

Mencionó que estos son los temas que se tienen que estar discutiendo en el Día de la Raza, pues los estados pluriétnicos -dijo- tienen que aprender a construir la vida no a partir de un integracionismo forzado, sino del reconocimiento de las diferencias para que estas comunidades sean sujetos de derechos.

“Mientras no se les garantice la participación política, ni educativa, ni la preservación de sus lenguas, todo esto no tiene sentido. Necesitamos trabajar para que todas las personas, sin verdadera distinción, gocen de las garantías y libertades, obligaciones que se encuentran en el artículo primero constitucional, pero que no se ha hecho efectivo”, concluyó.

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